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viernes, 31 de octubre de 2008

Luna Roja: Entre espejos y laberintos

  • El ocaso de la Reina y la Princesa usurpadora

Por Giovanna Villarreal Estrada
www.redmoonwonderland.blogspot.com

Cuando yo tenía 15 años, la gente solía llamarme ‘darketa’. Lo anterior, no es una confesión, que absurdo si lo fuera, eso era una obviedad que hasta la fecha, tiene reminiscencias. A esa edad, además de mi ropa oscura, escuchar a ciertas bandas de rock y ciertos hábitos poco comunes como fumarme una cajetilla de cigarros negros -como están hoy en día mis pulmones- y beberme una botella de tinto al día, tenía la mala costumbre de saltarme clases y leer lo que según yo aumentaba mi formación humana.


La literatura ‘dark’, o ‘gótica’ como se le conoce aunque no es lo mismo, estaba por llamarlo de algún modo en la lista prioritaria de libros que consumía cual caramelos tranquilizantes. En este sentido, nunca discriminé autor alguno y los libros que mis ojos y dedos saboreaban viajaban como tren bala de Baudelaire a Lewis Carrol, de Saint- Exupéry a Albert Camus y de Lovecraft o Poe, a la “Reina Maldita:” Anne Rice. Sobre ésta última, les contaré una historia de terror que por ese entonces, se me antojaba imposible.

Escritora de “culto” y lo entrecomillo porque no hay tal cosa en una autora cuyas obras han sido ‘best sellers’, Anne Rice ha escrito más de 25 libros, además de cuentos y ensayos históricos. Entre los primeros, figura la serie de “Crónicas vampíricas” como posteriormente se les denominó y que empezarían con “Entrevista con el Vampiro” en 1976 (libro que se volvió película en 1994) y terminaría en 2003 con la publicación de “Cántico de Sangre.” A esta serie se le unirían dos obras más del mismo tema llamadas “Las nuevas historias de vampiros” (“Pandora” y “Vittorio”) publicados en 1998 y 1999 respectivamente y que completan todo lo escrito por la autora referente al tema. El resto toca temas tan diversos como la historia de Nueva Orleans, Brujas, espíritus antiguos, así como relatos eróticos que fácilmente le hacen competencia al Marqués de Sade, pero eso sí… es otra historia

El universo de Rice, sea vampírico, de brujas o sexual, es siempre un trago apetecible como el buen tinto, porque Anne Rice se bebe no se lee. Ya sea por la narrativa, a la vez fluida y elegante, o por la precisión histórica que esta autora maneja con el rigor de una celadora muy pendiente de su oficio, o por las diversas temáticas que aborda a través de cada personaje; su lectura pertenece al tipo que puedes rebeber sin temor a indigestarte. Leer las crónicas vampíricas no es leer sobre vampiros. No es transportarte a un mundo ajeno y fantástico donde lo imposible se vuelve cotidiano. Por el contrario, el éxito de Rice reside en que a través de estos seres, se dejan expuestos los pensamientos, emociones y frustraciones más humanas. Logrando así, que lo más cotidiano se vuelva fascinante. De la mano de Rice conocí a autores tan interesantes como a William Blake, o William Styron, conocí música, pintores y hasta mitologías, entre otras muchas referencias, que te llevaban de un autor de filosofía a otro, con una exactitud tan vertiginosa como yo cambiaba de lectura.
Pero esto es una historia de terror, no lo olviden.

Anne Rice, dejó de escribir en el 2003, poniendo el punto final a las crónicas vampíricas y en sí a todo su ciclo oscuro, para dar un giro católico -¡El horror!- y publicar en 2005 (después de tanto esperar una nueva botella) el único tema que desde esa fecha y en adelante será su motivación: Cristo. Intenté leer “El niño judío”, pero he de admitir no llegué ni a la mitad, “la reina Maldita” buscaba salvación y al respecto no hay mucho que hacer. En su ocaso, una princesa ha usurpado el lugar que por años llevó Rice dentro de la literatura mal llamada ‘gótica’: Setephanie Meyer. Ella, con su serie de libros de vampiros "Crepúsculo", (2005, y próximo a estrenarse como película) "Luna nueva", "Eclipse" y "Amanecer", publicados consecutivamente hasta 2008, ha logrado posicionarse en la preferencia del público y consagrarse, como la nueva ‘Reina de los vampiros’ en la también 'nueva generación' de los que ahora llaman como a mi a los 15 “darketos” o “góticos.”

A casi 10 años de tener ese apelativo, cuando sigo fumando cigarros que me dejan negros los pulmones aunque su color sea blanco y tengan doble filtro, leer a Meyer me produce una desazón inminente. Ninguno de sus libros, me ofreció una narrativa elegante, su estructura es cuadrada y digamos predecible, la historia se desarrolla, sin filosofía u emociones complejas, es –por llamarlo de algún modo- un best seller hecho y derecho, que jamás podría llevar un apelativo de literatura de “culto”. Estos libros, entran en el grupo de hacer cotidiano lo fantástico. Cuentan una historia de amor ‘tan imposible’ como resulta cualquier otra, en la vida de cualquier preparatoriana enamorada del chico malo.

Pienso entonces, en qué será de las futuras generaciones de ‘darkies’ que orientados por la nueva industria, pasarán sin leer a la ya consagrada Anne Rice, dejados a la merced de una ‘Princesa’ cuyo mayor logro es contar historias de amor. Novelas ligeras que tarde o temprano, se descubrirá son sólo otras tantas que obedecen al mito de la cenicienta, aunque ésta, para llegar al castillo se tenga que vestir como ‘Gothic Lolita’…

PD. ¡Feliz Samahin a todos! y que la Luna los colme de bendiciones en este nuevo ciclo…

lunes, 20 de octubre de 2008

Luna Roja: Entre espejos y Laberintos

  • Una luna en lunes...

Giovanna Villarreal E.

www.redmoonwonderland.blogspot.com

El día lunes es uno muy gris. Por una parte es el inicio de semana y como diría el comercial de papas: ‘hace falta una extención al fin.’ Garfield, personaje entrañable, odiaba los lunes y prefería quedarse dormido, con tal de despertar en martes. Por otra parte los lunes, son sinónimo de inicio de labores y de ahí, que se les asocie con el trabajo, cosa no muy agradable para algunos. Sobre todo, cuando se toman en cuenta los excesos en los que se llega a caer los días sábado y domingo.


Personalmente, los lunes me parecen muy cansados, no sólo por que estoy agotada del supuesto fin de semana, sino por que arrastro también los pendientes y necesidades de una nueva. No es del todo mala organización, yo lo llamaría más bien karma. Y es por esta cuestión Karmática, que este blog se iniciará hoy -un día lunes- con una columna que curiosamente, lleva en su nombre al astro que le puso nombre: la luna.


Tal vez de este hecho se deriven muchas cosas, por ejemplo, dicen aquellos enterados de metafísica, que los lunes se llaman así debido a que los caldeos, bautizaron cada día de la semana según la primera hora planetaria que rigiera ese día, en concordancia con sus usos alquimistas. Luego entonces, la primera hora regida por la luna, se denominó lunes. Posteriormente, a este día se le atribuyeron también usos mágicos, no es secreto que la Luna se asocia con cuestiones de transmutación, regeneración y por lo tanto ampliamente femeninos, gracias a sus cambios y fases.


Fue así como durante muchísimo tiempo, las diosas asignadas a este astro tenían tres caras que coincidían, de alguna manera, con las fases de la luna. La diosa doncella, era la fase naciente de la luna, la Diosa Madre, la llena, y la Diosa Anciana, la menguante. ¿Y la luna nueva? Se preguntarán ustedes. Pues verán, la mayoría de las Diosas que se asociaron al astro eran raptadas, desapareciadas – y después casadas- con el Dios del inframundo, lo que ocasionaba que las Diosas como Freya, Selene, Diana, Isis, entre otras, pasaran por una faceta oscura y angustiosa, que culminaba en el clímax de la renovación absoluta.


Así, el lunes es de cualquier forma, el parteaguas relacionado, por ejemplo, con la renovación espiritual, que recordaba los trámites cotidianos de las antiguas Diosas; pero también ligado con el continuum de los hechos. Como la ya famosa maldición gitana: “beber en lunes, es beber toda la semana”, y vaya que si hay algunos que encuentran este maleficio inapelable. Pero bueno, más allá de esto, el lunes nos recuerda los ciclos por los que todos, dioses o no, debemos pasar. Todo comienza, se desarrolla y llegará a un final que esperamos, no siempre sea tan funesto.


Tal vez sea que los lunes, finalmente, nos resultan tan tristes o melancólicos, porque nos recuerdan que los inicios no son nada sencillos. Por el contrario, el que inicia algo tiene la labor titánica de romper con la hoja en blanco, manchándola de tinta negra, para de alguna manera -ayudado por unos ojos miopes- ver una mancha pálida y grisácea esparcida por nuestra mente y conciencia, y es que si algo ha de tener de rescatable este día, es desde luego, su final.


No hay nada más delicioso que el término de un lunes, para saber que el inicio de semana ya acabó y que una vez hecho el engorroso trámite de haber comenzado algo, lo de menos será terminarlo. Después de todo, el gris no es tan malo. Recordemos que nuestro cerebro está compuesto por materia de ese color, que es la que nos hace pensar a todos. ¿Será?


 

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