La mayoría de los individuos nos sentimos muy atraídos e identificados con un teléfono celular. La necesidad de poseer un móvil es muy significativa pues mediante éste no sólo obtenemos un servicio de comunicación -el cual es el objetivo principal-, sino que nos adhiere un valor que al parecer es más importante.
¿Acaso no basta con comunicarnos? Todo indica que no; éste beneficio ya no es suficiente y buscamos otras cualidades que le den un “plus” a nuestro móvil. No importa si es cámara, radio, Internet, juegos, colores, etc. Sentimos una extraña necesidad de contar con ese “valor agregado”.
Es sorprendente el darnos cuenta como ha influido en nosotros el avance de la tecnología. Hace 10 años aproximadamente, no era indispensable poseer un celular, un mp3, una computadora y ni que decir de una laptop o una consola de videojuegos. Hoy, todo esto parece no sólo ser parte de nuestra vida, sino también ya forma parte de una nueva cultura, la que nos hace pertenecientes a una sociedad consumista.
A pesar de considerarme una total fanática de la tecnología y claro hago gran uso de ella, en ocasiones me parece superficial e innecesario todas las funciones que desempeñan distintos aparatos.
¿Te imaginas un celular que reconozca olores, que sea flexible, que cambie de color, que se recargue con energía solar, que esté libre de suciedad, que tenga funciones de una computadora y cámara? Suena futurista pero la realidad es que estas características podrán ser encontradas cuando Nokia lance al mercado su nuevo celular “Morph”.
Sus características adicionales resultan innovadoras tratándose de un teléfono, y redituables económicamente para el anunciante, quien desde mi punto de vista, no hace más que ocasionar el insaciable consumo de la gente que se ha adaptado a la gran cantidad de publicidad que nos bombardea día a día en los medios de comunicación (sea cual sea).
Sí bien todo esto resulta una artimaña por parte del fabricante, la realidad es que la publicidad sigue sembrando necesidades innecesarias; ¿prevalecerá esto hasta el final de nuestros días? O ¿habrá alguna forma de escapar de este extraño círculo vicioso que nosotros hemos creado? Difícil predecirlo pero todo apunta a que no sólo basta con comunicarnos.